La lucha por asumir o crear nuestra propia identidad tiene su punto culminante en el paso de la adolescencia a la adultez. Un actividad que ha sido retratada desde tiempos inmemoriales en las narrativa universal a través de un género clásico: el coming-of-age. Un género que retrata la asunción de la complejidad; una aceptación de la naturaleza multifacética de nuestra humanidad. Un cambio que no sucede sin víctimas.
