“A mí las ballenas desde pequeño me han torturado, (risas) porque recuerdo que mis papás compraron un disco llamado Whales Alive (1987). Lo que hice en este cortometraje fue que la ballena fuera cambiando de frecuencia, como una figura de la adaptación del personaje. Los personajes están viendo al abismo del futuro. Tienen una multitud de posibilidades y se sienten perdidos. Pero al mismo tiempo esta infinitud resulta emocionante”, comentan ambos.
