Por Emilia Gómez Dávalos (publicada el 31 de octubre de 2025)
En su primer largometraje, Soy lo que nunca fui, Rodrigo Álvarez Flores se adentra en el territorio movedizo de la frontera norte de México, donde la tierra y los lazos afectivos parecen compartir la misma herida. Desde Tijuana, a través de la historia de una familia, el cine se convierte en un espacio de resonancia íntima, donde la luz tiene memoria y el paisaje habla de quienes ya no están y de lo que siempre soñaron ser.
¿Cómo fue el proceso de traducir tus experiencias personales a esta ficción y hasta qué punto la historia que vemos es un reflejo de estas metáforas de tu vida?
Mi enfoque al hacer cine parte de un lugar muy honesto. Esa honestidad tiene que ver con qué tan sincero soy conmigo mismo, con mi manera de ver y de sentir la vida. Soy lo que nunca fui nació a partir de una recopilación de momentos que me marcaron desde la infancia hasta la adultez. Desde niño comencé la búsqueda por el sentido de pertenencia, la necesidad de encontrar un lugar al cual realmente sentir que pertenezco. Creo que esa búsqueda se ha convertido en el ADN de las historias que me gusta contar.
Con el tiempo, empezó a llamarme la atención el tema del muro, no sólo como frontera física, sino también como símbolo de separación entre idiomas, culturas y vidas. Me intrigaba lo que ocurría una vez que alguien cruzaba al otro lado, pero me quedaba con la pregunta: ¿qué pasa con quienes se quedan esperando? En mi caso, mi padre era quien partía para trabajar, mientras nosotros, en casa, vivíamos la readaptación a nuevos lugares, tiempos y emociones.
Crecí viendo a mi madre asumir esa ausencia con una fuerza admirable, enfrentando todo con independencia y coraje. Cuando empecé a diseñar la historia, su presencia y su carácter fueron muy importantes; sabía que debían ser parte esencial de la película. A lo largo del proceso, también fui incorporando experiencias y testimonios de personas que conocí en el camino. Muchas de sus vivencias me conmovieron profundamente, y al final, se entretejieron con las mías hasta volverse parte de la historia. Es una película que pensé más con el corazón que con la cabeza, me interesó mucho que fuera un viaje emocional.
¿Cómo fue el diseño de personajes? Hay un elemento queer que nos interesa mucho.
No me gusta imponer una brújula moral, porque en la vida real no existe un camino único o “correcto”, como sucede con la idea de la familia tradicional. Lo que me interesa de los personajes es que son personas que simplemente quieren vivir y sentir. Para mí, es central explorar la libertad de vivir y de sentir.
Me atrae especialmente la idea de tener como protagonista a alguien en una edad en la que la sociedad suele decir que su ciclo vital ha entrado en una “tercera etapa”, y que el amor o la posibilidad de empezar de nuevo ya se acabaron. Pero no es así. La protagonista comienza a cuestionarse y a darse una oportunidad en aquello que ella cree que podría ser amor.
Me fascina la rebeldía emocional frente a lo que podríamos considerar moralmente “correcto”. Creo que no deberíamos juzgar, sino permitirnos experimentar la vida y nuestros sentimientos. Con esta película, quiero que podamos entender por qué a veces tomamos ciertos caminos o decisiones: muchas veces, simplemente estamos buscando ser nosotros mismos. Incluso dentro de la comunidad LGBTQ*, a veces somos muy duros con los demás, demasiado juiciosos, cuando en realidad deberíamos permitirnos vivir plenamente.
Soy lo que nunca fui es una experiencia cinematográfica que refresca mucho el cine mexicano. ¿Qué te gustaría, como director queer, que el público se quede después de ver tu película en Cuórum?
Lo que a mí me gustaría que pasara en Cuórum es que las personas se lleven la película a sus casa, la película no muere. Mi mayor recompensa, como contador de historias, es que abracen mi película y que se quede con ella.
Soy lo que nunca fui, película que inaugura el festival Cuórum 2025, nos sumerge en un viaje íntimo y visceral, donde cada emoción, cada deseo y cada decisión despierta nuestra propia búsqueda de libertad y autenticidad.






