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Discursos y antidiscursos por la visibildad de las personas trans

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El cine nos da sentido humano al visibilizar a las personas trans.

Petite Fille de Sébastien Lifshitz (2020)

Por Antonio Harfuch Álvarez.

Es arriesgado definir a un cierto tipo de cine como trans. Porque de ahí surgen preguntas sobre si la categoría se debe a que en su realización han participado personas trans, o porque la historia es sobre sus experiencias (muy cortas, por cierto) de vida o de ficción.

Lo que pienso al analizar películas y/o documentales como Breve Historia del Planeta Verde (Santiago Loza, 2019) o Petite Fille (Sébastien Lifshitz, 2020), es en la relación actual de estas propuestas recientes independientes, por resignificar identidades que se han visto perjudicadas por un lenguaje cinematográfico que ha forjado una narrativa de clichés como refieren los primeros ejemplos de representación trans en el cine que hace el libro The Celluloid Closet (Vito Russo, 1981) o con material audiovisual en el revelador documental Disclosure (Sam Federer, 2020).

El cine actualmente ha mostrado esfuerzos por recomponer los prejuicios construidos desde los inicios del cine, acercándonos al corazón mismo de las personas trans para esclarecer su vida, que en muchos casos ha estado rodeada por la ilusión de vivir plenamente como son pero también por el rechazo constante de una sociedad que ha visto sus miedos reforzados en estos discursos visuales.

Resignificar a las personas trans desde el cine ha sido una tarea muy valiosa para el legado audiovisual, que reconstruya política y culturalmente, a una identidad en constante peligro de ser discriminada o violentada, sobre todo en países muy católicos (y misericordiosos en apariencia), como lo son Brasil y México, que encabezan la lista de los países con más crímenes de odio a personas trans cuya esperanza de vida no rebasa los 40 años. 

En el caso de Breve Historia del Planeta Verde, antes mencionada, vemos a tres amigues que se acompañan en un roadtrip de redención entre lo fascinante de la “extrañeza” y lo endeble de la vida en resistencia en lugares apartados; por su parte, en Petite Fille, una madre lucha por el reconocimiento legal de la identidad de su hija trans y a su derecho a vivir una infancia plena. Ambas películas actúan como vigilias propios de las posibilidades de representación trans y haciendo un tributo a su lucha por la identidad y la aceptación. 

El cine, como disciplina artística, nos da sentido humano, ya sea por las formas con las que observa el mundo o por las historias que narra para conseguir la visibilidad de personas marginadas históricamente como lo han sido las personas trans. Como arte, el cine compromete a quien lo hace, no solo para abstraer en imágenes y sonidos (o palabras) las emociones, sino para conjuntar e incluir a más partes de un nuevo rompecabezas mucho más diverso y completo. 

El arte cinematográfico está visibilizando a las personas trans para su integración cultural. Pero ¿cómo podemos acercarnos sin el miedo a poder vernos a nosotrxs mismxs?

Lágrimas y risas

Los géneros cinematográficos de la comedia y del terror han representado personajes trans generando en el público reacciones (y después comportamientos) de risa con comedias clásicas, o bien, de susto con los clásicos de terror. 

Pero aterrador es hoy ver en la diputada local del PAN, América Alejandra Rangel, (que presentó en el mes de febrero una controvertida iniciativa que atenta con la identidad de las personas trans desde su infancia) a la representación de un peligrosos vehículo político real para estigmatizar y provocador el odio. 

Su actitud revela su falta de conocimiento y de sensibilidad, y una superioridad moral por involucrarse en temas que no le competen pero que la ponen literalmente en el reflector. No se debería poner a discutir al mismo nivel intelectual o moral, a personas como Rangel, cuyas acciones revelan ignorancia, frivolidad y falta de referentes culturales. Con Rangel, el miedo irracional a la otredad se encarna opacando en este caso, el reconocimiento y visibilidad social de las infancias trans y de sus familias. Las infancias trans no surgen como generación espontánea, han sido parte de lo que hemos sido, de lo que somos y seremos.

¿Qué hacer para ampliar el panorama de políticos retrógradas como Rangel? Considero que más que el oportunismo mediático que pueda surgir de una iniciativa tan peligrosa para infancias en pleno desarrollo, será cada vez más importante, poner cada al alcance del público en las salas o plataformas, productos culturales como lo son las películas. En medio de toda la vorágine de contenidos, conviene un compromiso real de instituciones y empresas para incluir en su programación títulos que contribuyan al conocimiento sobre la experiencia de vida de las personas trans, muchas veces ignoradas, o peor aún estigmatizadas a costa de querer forzar un ejercicio de visibilidad. Más que estar preparados para darle espacio a estas propuestas, es importante hacer un análisis crítico de las mismas bajo el marco de la Agenda 2030 por la igualdad de los géneros. Otra cuestión sería la estudiar si dichas representaciones son realizadas con responsabilidad y conocimiento de causa

Por ejemplo, este 2023 lo que el público mexicano más podrá ver en este aspecto, será la desproporcionada ¡Qué Viva México!, con el personaje de Jacinta, interpretado por Cuauhtli Jiménez. Sin hacer un análisis de la interpretación (ni spoilers) el personaje acumula significados suficientes para contribuir al estereotipo sociocultural de las personas trans desde lo escatológico, lo ridículo y hasta lo malvado. Evidencia así la carencia de sensibilidad y de incultura audiovisual en los procesos de creación de los cineastas y guionistas, Luis Estrada y Jaime Sampietro. 

¿Es necesario que Rangel y el PAN promuevan iniciativas contra las infancias trans? ¿Es necesario que Estrada y compañía, refuercen estereotipos cada vez más caducos sobre las personas trans? Como políticos o como cineastas, como simuladores o como líderes de opinión pública, habrá que proponer con responsabilidad discursos actualizados, que deseen transformar nuestros miedos en conscientes colectivos. 

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