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Cine, diversidad sexual y derechos humanos. Perspectivas de la sociedad civil

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“Acudimos a los encuentros de los festivales y a actos de cine independiente sobre disidencias sexo-genéricas, para obtener experiencias que nos ayuden a reflexionar nuestra práctica en la sociedad civil organizada”.

Daniel Marín (Foto: José Gudiño)

Por Daniel Marín

Responde Diversidad A.C. (Presidente)

La defensa de los Derechos Humanos ha implicado para un número significativo de quienes brindamos acompañamiento a personas de las poblaciones LGBTQ+, cuando pasan por actos de discriminación y violencia, acercarles ciertas herramientas para afrontar dichas situaciones que laceran su dignidad para así brindar contención emocional y reducir riesgos psicosociales, que devienen en llegar a perder su proyecto de vida vocacional. La defensa de los derechos humanos se compone de una serie de sucesos como la queja y denuncia que materializan el acceso a la justicia social. Esta actividad implica la adopción de enfoques que además de promover la defensa de los derechos, llevan a pensar a la educación como aliciente para el desarrollo y aprendizaje de una cultura de respeto de los Derechos Humanos, que es resultado de las luchas sociales por la dignidad humana.

La experiencia de acompañar a víctimas de violencia y discriminación motivado por la orientación sexual, la identidad y expresión de género, va de la mano con la confluencia de liderazgos sociales; activismos y agentes que conglomeran la sociedad civil organizada a través de distintas metodologías de intervención que apoyan en la generación de las condiciones posibles para la materialidad de los derechos humanos. Las violencias son estructurales y la reivindicación de las identidades sexogenéricas no se da en lo individual sino en lo colectivo.

Esta aglomeración de agentes que formamos una red de la sociedad civil, facilita el derecho a reunirnos y organizarnos para enfrentar los distintos discursos y narrativas que fomentan y reproducen prejuicios hacia nuestra forma de existir. En ese acto, los aprendizajes de participar y articular entre nuestras actividades, ante una demanda de personas LGBTQ+ que tiene el deseo de proyectarse en la escena social y pública tal como han decidido ser, tampoco se dan en el vacío, y ese intercambio simbólico favorece la socialización y apropiación de nuestro sistema cultural.

En ello, es que vemos la relevancia de colaborar con las organizaciones civiles que incentivan iniciativas culturales y artísticas con apuestas contundentes a visibilizar y sensibilizar las demandas de los colectivos LGBTQ+ y a ser copartícipes a la producción y divulgación cultural y artística.

En ese orden de ideas, quisiera compartir la relevancia que ha tenido, para quienes formamos en los Derechos Humanos, contar con espacios facilitados (y siempre acompañados de una militancia cultural LGBTQ+) como lo son festivales que promueven cine independiente sobre disidencias sexogenéricas, que impulsan al cine como herramienta social para la sensibilización y concientización de las problemáticas contemporáneas y en donde la violencia y la discriminación son realidades que afectan las relaciones y vínculos sociales.

A su vez, socializan una apreciación positiva del cómo los actos de gestión, programación e interlocución (interacciones entre la audiencia y quienes están en la realización de los productos audiovisuales), se concatenan en una sucesión de prácticas, discursos y representaciones contrahegemónicos, como ciertas condiciones de posibilidad para el desmontaje de los prejuicios internalizados. Cuando se despliegan los significados que califican al cine como un producto de la actividad humana que reproduce estereotipos de los géneros, se le denuncia por su cualidad de unidireccional, de una obsesión por cierta calidad técnica y de una actitud despreciativa por el potencial de la narrativa y discursividad de sus intérpretes y creadores, se vuelve entonces imprescindible dotar a los públicos de puntales que les permitan salir de esos sesgos subjetivos.   

En la experiencia personal sobre festivales independientes de cine con oferta pública en Morelia, no es necesario definir qué es el cine sobre temática LGBTQ+, sino verlo. Acudir a los lugares que las y los gestores culturales han (re)pensado para envolvernos en una travesía que inicia con la lucha y las aventuranzas, de una idea de libertad y emancipación de un sistema sociocultural actual que oprime a la disidencia y la diferencia.

Las ideas de realizar un producto audiovisual, se anuda y se consume con otras ideas de más personas que se involucran para desviarse de todas aquellas metas originarias de la arquitectura de la realización del cine, porque han descubierto que no pueden continuar alimentando el capital cultural heterosexista y las lógicas del modo de producción económico. Este gran acto de rebeldía simboliza un ejercicio para hacer valer la importancia de la diferencia y de resistencias como una pugna constante contra sistemas y paradigmas que impiden el acceso de experiencias de cine sobre LGBTQ+ hacia las subjetividades disidentes y el cómo éstas encarnan otras condiciones como las etarias, las de clase y las de raza, por mencionar ejemplos.  

Cuando se logra el empoderamiento como agente de cambio y se da una utilidad social al discurso de los Derechos Humanos, la actividad de estos festivales culturales independientes sobre disidencias sexogenéricas coadyuvan a construir las inquietudes subjetivas de esa práctica. En la experiencia de formar parte del público siendo defensor de los Derechos Humanos, percibo en las historias y en las distintas narrativas los principios de la condición humana y cómo impactan a quienes participan en el audiovisual. Me permite colocarme con aquellos constructos socioculturales con los que hace colisión la subjetividad: la sexualidad, los géneros, la destrucción, el malestar, la supervivencia, la combatividad, la asunción positiva de la identidad, esclareciendo un conjunto de imaginarios con los que están impregnados el devenir en sujetos.

Aunque pareciera que se toma un lugar en calidad de anonimato en una proyección de cine específica o en un festival, se gesta una intimidad que envuelve a los distintos “Yo” que han conformado nuestra historia de vida. Como el cine es un arte, produce esos efectos que nos hacen transitar de un estado a otro, que nos devuelve la dignidad o al menos nos aproxima a los cuestionamientos con respecto a la eclosión de los imaginarios que se confrontan en las narrativas visuales, sonoras y discursivas. En muchos momentos pueden parecernos ajenos, extraños o familiares, pero esos imaginarios contrapuestos nos sostienen en la experiencia de la proyección de una producción audiovisual sobre LGBTQ+. No se trata de un “yo estoy viendo una película” sino que “estoy tratando de comprender la dignidad y de quitarme los prejuicios y sesgos que no me dejan involucrarme por mi patrimonio de significados sobre cómo debería vivirse el cuerpo-identidad-vida”. 

He podido notar que el impacto de los públicos ante la proyección de una película de cine independiente sobre LGBTQ+, es distante a la del mainstream. Este último satura de propuestas entretenidas-comerciales que no posibilitan contacto con el dolor y el malestar y otros afectos despojados. Mantiene anestesiada la capacidad de sensibilizarse de su propia experiencia y la de otras personas. Observar una película LGBTQ+ en un festival de cine con compromiso, no es un acto de pasividad ni de neutralidad, sino que posibilita la generación de diálogos y discusiones activas y constantes con nosotrxs mismxs, con la otredad y la alteridad.

Lo dicho anteriormente, no hace más que poner en evidencia el cine independiente sobre LGBTQ+ (con todos los agentes que lo materializan) como un dispositivo que puede posibilitar la sensibilización y concientización sobre las condiciones materiales que afrontamos y celebramos las personas LGBTQ+. Conforma un proceso dialéctico que augura transformaciones en las subjetividades, tal cual fuera un acto formativo para la desarticulación de los estigmas internos y hace la transición de la vergüenza al orgullo, tanto del orgullo a la dignidad. En esto último radica la utilidad social del cine y su intersección con quienes estamos en la educación y formación de los Derechos Humanos y acudimos a los encuentros de los festivales y a actos de cine independiente sobre disidencias sexogenéricas, para obtener experiencias que nos ayuden a reflexionar nuestra práctica en la sociedad civil organizada. 

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