Luz y movimiento: La identidad visual de Cuórum en manos de Fabrizio Moguel Alcocer

Por: Rafael Guilhem

“Cuórum es un festival que sabe bien lo que quiere”, profiere Fabrizio Moguel Alcocer, encargado de dar vida a la imagen que revestirá Cuórum Morelia en su sexta edición. Para él, la concisión lograda por el certamen a lo largo de todos estos años le dio libertad para trabajar en una propuesta que sea directa, no divague ni necesite buscar legitimidades ajenas. Cuando se gira la mirada hacia atrás, con los grandes retos atravesados en los últimos años, se reconocen los diferentes pasos que Cuórum ha dado para llegar a su estado actual. No sorprende, en ese sentido, que el semblante del diseño sea renovado y luminoso: “Estamos ante una nueva fase del festival. El cartel de este año se separa un poco de los realizados en años anteriores, lo suficiente para indicar que avanza y crece”.

Con tonos rojizos, haces blanquecinos y una tipografía asentada en un azul concentrado, el cartel —que fue la fuente primera del resto de la identidad gráfica— busca transmitir vitalidad, definida por Fabrizio como el “goce ante la luz”: soleada, diurna y exterior, como cualidades cada vez menos presentes en este ya largo periodo de pandemia donde sucumbimos al encierro. “Tiene que ver con escapar de tonos fríos, opacos, melancólicos. Que se sienta como un espacio seguro y de celebración”. Es bajo este espíritu que, para Fabrizio, una paleta de colores de tal calidez se manifiesta como el amanecer de cada día. Uno que, además, encuentra su par gráfico en el juego luminoso: “Quería rebosar todo el diseño de luz. Desteñir la paleta de colores llenándolo de luz. Las sombras están muy atenuadas. Los puntos más oscuros no son tan oscuros. Evitar la oscuridad, incluso si implica arriesgarse a llegar al extremo contrario”.

¿Cuál es el punto de partida en la propuesta visual? Por un lado, el número seis, que corresponde a la sexta edición del festival, a las seis letras que componen la palabra “Cuórum” y a toda la experiencia acumulada en años anteriores y cristalizada hasta aquí (“Fue un juego de asociaciones inicial: qué tantos ‘seises’ pueden estar presentes”). Por el otro lado, el movimiento: “Desde el inicio quería que estuviera animado”. Para las versiones que circulan en el ámbito virtual, los caracteres se intercalan entre letras y números, cual jeroglíficos que invitan a las combinaciones, la pluralidad y el descubrimiento, en un gesto donde se acentúa el cambio, la transmutación y el dinamismo

Estamos ante una nueva fase del festival. El cartel de este año se separa un poco de los realizados en años anteriores, lo suficiente para indicar que avanza y crece

Fabrizio Moguel Alcocer


Lo más interesante es que la idea de movimiento se sostiene aun en las aplicaciones impresas. “Puede estar presente el movimiento incluso en una imagen fija”, asegura Fabrizio: “Hacer puentes entre lo digital y lo presencial a través del diseño. ¿Cómo dar vida a la imagen física? Es algo que ya se han preguntado los carteles a lo largo del tiempo. Encontrar la dinamicidad de una imagen que no se mueve”. En este caso eso se consigue, nos cuenta Fabrizio, a partir de la tridimensionalidad, que opera “como una extensión de elementos, como si el logotipo continuara creciendo”. Si bien el cartel está creado con apenas algunos elementos como el plano, la superficie, la luz y las sombras, es el efecto en 3D lo que permite que lo profundo emerja hacia la superficie, algo que hace alusión a las narrativas emergentes y experimentales que se dan cita en un espacio como Cuórum.


Además del cartel, hallaremos la imagen irradiada en varias aplicaciones más. Una de ellas es el video, donde existe la posibilidad de llevar la imagen del cartel a otras fases de experimentación, insuflando vida al logotipo y generando un paisaje animado por luces y sombras. Así, es claro que en la propuesta de Fabrizio anida una voluntad por intercalar lo estático y lo móvil, una correlación de fuerzas donde descansa también la esencia de este festival

Respecto a la frase que corona la edición de este año —“Encuentra tu historia”—, Fabrizio comenta: “La vinculo con el tema de cambio, transmutación y transición. Pienso en la naturaleza cambiante de las narrativas. Esto se empata bien con encontrar la historia de una persona no como algo definitivo sino como la posibilidad de redefinirte en cualquier momento. Me gusta esta idea: si algo no es definitivo, se puede transformar; si alguien está inconforme, también se puede transformar. Apostando, sobre todo, por la transformación en colectivo”. Y sentencia: “Siempre podemos encontrar nuestra historia. No una sola ocasión, sino una y otra vez”.

Siempre podemos encontrar nuestra historia. No una sola ocasión, sino una y otra vez

Fabrizio Moguel Alcocer

Instruido en el diseño casi en sentido autodidacta, con formación en humanidades, estudios latinoamericanos y producción de imágenes en movimiento, Fabrizio señala los carteles coloridos y festivos del diseñador cubano Alfredo Rostgaard como una de las influencias de su propia labor. Es bajo este manto que Fabrizio no teme congregar elementos aparentemente alejados para crear un efecto pregnante, vital y que no deje a nadie indiferente. “Lo que hago es demasiado literal al grado de que la literalidad se pierde”, dice con cierta humildad, pero sobre todo como una convicción nacida de la duda, pues para él, la mayoría de las veces es mejor no tener claridad total desde un inicio, y más bien prefiere encontrarla como la luz al final del túnel, guiado por la intuición y el manejo de sus materiales.

El hecho de que Fabrizio haya elaborado con tal cuidado la imagen que iluminará cual faroles los pasillos, las pantallas y las salas donde las y lxs espectadores se den cita durante la sexta edición de Cuórum Morelia, se explica por una hermosa anécdota que da forma a su interés en el diseño y el cartelismo para cine: “Para mí el cartelismo y la producción y exhibición de películas nunca estuvieron desvinculadas. Los primeros recuerdos que tengo del cine eran cuando llegaba a un cine en Mérida y pasaba a través de los carteles fijados en las paredes de los pasillos. Esa parte de los elementos que acompañan a la obra en sí siempre me ha fascinado. Simplemente antes no sabía que era producto de otras manos, es decir, asumía que existía un cartel para una película, pero no había procesado que detrás de ello hay un trabajo que genera este otro objeto que es parte de la vida de la película o de un festival. Eso me gusta del cartelismo: aportar algo incluso desde fuera, sintetizar la vida de un festival, hacer que avance, potenciarla con colores, formas y texturas”.

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