De cebollas y hermanxs: “Lo mejor que puedes hacer con tu vida” de Zita Erffa

Por: Alma Franco – Colaboradora

Ser no contradictorio la cebolla (…) Nosotros: grasas y nervios, / secreciones y secretos. / Y se nos ha negado / la idiotez de lo perfecto.

– “La cebolla” de Wisława Szymborska

Bruno Santamaría (fotógrafo), László (protagonista) y Zita Erffa (directora)

Los seres humanos tenemos algo en común con las cebollas cuando al expresar nuestras emociones concebimos una interioridad que hay que recorrer capa por capa para llegar al sentimiento central e intentar comprenderlo. Algo similar ocurre con el documental Lo mejor que puedes hacer con tu vida, en el que observamos a Zita Erffa, la directora, en su estancia con los Legionarios de Cristo, donde se encuentra visitando a su hermano László.

A lo largo de la película encuentro varias capas: pienso que es un documental sobre los Legionarios, sobre su hermano convirtiéndose en miembro, sobre lo que ocurre con las familias de la congregación, para después darme cuenta que en lo más profundo hay un documental sobre la relación entre hermanxs. Asimismo, observamos a Zita recorrer las capas de sus emociones: el odio que siente hacia la congregación, el miedo de no saber si hace lo correcto al realizar el documental, el rechazo de László a estar en su vida. La directora llama a este trabajo un intento de “comprender a su hermano”, e inicia con una máxima que habla con una terapeuta y que se queda con el público a lo largo de la historia: “aunque me moleste la decisión que tomó mi hermano, elijo respetar su derecho a decidir”.

Lxs espectadorxs somos testigxs del proceso de la realizadora, lo que ve, siente y recuerda. Despliega ante nuestros ojos todas las partes que constituyen entender a László. En el documental, sin embargo, no sólo lo vemos a él, sino también a otros miembros de la congregación, la mayoría novicios (unos de los miembros más jóvenes) y humanistas (el grado en el que se encuentra su hermano). Hablan de películas, de sus hermanos y hermanas, los graba tomando clases, comiendo, rezando y jugando fútbol. Pero en este ambiente tan cotidiano en el que todos parecen conformes, Zita recuerda a Marcial Maciel (conocido por abusos sexuales a seminaristas y miembros de la congregación, además de tener varias familias) y a aquellos que lo encubrieron, además de cuestionar a László sobre la noción de la homosexualidad en la organización y si las mujeres deberían ser sacerdotes.

Fotograma de Lo mejor que puedes hacer con tu vida

Parte de entender a su hermano involucra también estas áreas que quizá no son posibles de aceptar, al igual que aquellas cosas que quedan dentro de la congregación, y dentro de László, de las que nunca será parte. Lxs hermanxs platican sobre todo lo que parece ser lo más importante para Zita: qué lo llevó a decidir adherise y por qué acepta ese estilo de vida. Al final del proceso “todo ha cambiado y todo sigue igual”, y lo único que permanece es el amor entre ellxs. 

Otra de las inquietudes que expresa Zita es no estar segura del motivo por el que realiza el documental, incluso llega a decir que le molestan las personas que hablan de cosas tan íntimas en sus películas. Entonces, ¿por qué realizar este documental? Por momentos parece que la película es tal vez un pretexto para acercarse a László de una forma antes imposible. Esta pregunta me hace volver al poema de Szymborska y que en realidad no somos como las no contradictorias cebollas; nuestros sentimientos nos atraviesan y también a lxs demás. Nuestras emociones nos mueven, nos unen y nos alejan de otrxs, incluso en las situaciones más racionales son parte de nosotrxs. De este modo, los sentimientos de Zita atraviesan a László y viceversa, y en la película somos testigos del proceso por el que ambxs pasan.

Zita llega al centro de la cebolla sólo para descubrir que en él no está únicamente su dolor sino también su hermano y su amor por él, todas las capas son trastocadas por ello, y esto es tal vez lo que vuelve tan complejo el proceso de reconocimiento o sanación de Erffa, el cual es simultáneamente el medio mismo por el que acepta a su hermano y enmienda su relación. Como espectadorxs, nuestras emociones también son atravesadas en el cine: vivir una hora y media de emociones que no nos pertenecen y al mismo tiempo sí, cuando recorremos nuestras propias capas. Es enfrentar la pérdida y aceptación de un hermano que no es el nuestro, porque la distancia y proximidad que crea el cine es el medio para encontrarnos a nosotrxs en la otredad, y a la otredad en nosotrxs.  

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Imágenes: Cortesía de Zita Erffa

Las ideas expresadas en este documento son responsabilidad de su(s) autorx(s)

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