Breve historia de lo queer en la telenovela mexicana

Por: Amira Ortiz

“¡Qué maravilla de personaje! No hay nada igual en la televisión.” Con esas palabras Eugenio Derbez describió al fallecido astrólogo Walter Mercado en el reciente documental de Netflix, Mucho mucho amor (2020). El comediante mexicano señaló que la imagen “única” del puertorriqueño lo inspiró para darle forma a Julio Esteban, uno de sus personajes más conocidos. Derbez calificó a su parodia de “homenaje” y fue precisamente esa la palabra la que despertó la crítica de espectadores cuya identidad, por décadas, fue presentada en la televisión desde el estereotipo y la homofobia. 

Por años, el espacio para personajes LGBTQ* en la televisión mexicana sólo existió en la comedia, donde el chiste era la identidad y su expresión. En el imaginario de los comediantes heterosexuales -habría que preguntarse qué tanto ha cambiado-, lo gay, aunque nunca nombrado como tal, sólo existía en una forma: un hombre homosexual que merecía el ridículo por no pertenecer a las convenciones heteronormativas, y cuya mayor falta era su asociación a la feminidad.

Bajo tal entendido encontramos a personajes como Agapito (Miguel Hernández) en Cero en conducta (1999-2003), producción de Jorge Ortiz de Pinedo; Carmelo (Adrián Uribe) y Paul (Gustavo Munguía) en La hora pico (2000-2007), programa donde también hizo aparición Yahairo (Omar Chaparro). La barra de comedia de Televisa también contó entre sus filas al actor Pablo Cheng, conocido como el “¡Oh, cielos!”. La frase, que se convertiría en el distintivo de su carrera, surgió en el set de la telenovela Vivo por Elena (1998). Aquella fue la primera vez que un personaje gay apareció en los dramas de la televisora más grande de Hispanoamérica.  

[La vida en el espejo] retrató una salida del clóset, señaló a las terapias de conversión y presentó la primera historia de amor entre dos hombres en la televisión pública

Al año siguiente, TV Azteca estrenó La vida en el espejo. La segunda televisora con mayor alcance en México retrató, en un drama formal, las peripecias del joven Mauricio (José María Yazpik), hijo mayor de la pareja protagónica, al descubrirse gay. En esta producción de Argos Comunicación, Mauricio y Jim (Manuel Blejerman), su mejor amigo, se reconocen y nombran como homosexuales. Aunque el repertorio de personajes LGBTQ* de Azteca no es tan amplio como el de Televisa, la transgresión de esta historia sigue sorprendiendo. La telenovela retrató una salida del clóset, señaló a las terapias de conversión y presentó la primera historia de amor entre dos hombres en la televisión pública. 

Por su parte, Televisa continuó con personajes gay instalados en la comedia, con Pablo Cheng como una figura única en las telenovelas durante los 2000’s. Un cambio llegó con la nueva década a la vuelta de la esquina y en Los exitosos Pérez (2009-2010), se presentó por primera vez un protagonista homosexual. Además, se trató de una de las primeras producciones en formato de serie en el país. Jaime Camil representó a un popular presentador de noticias que, para mantener su lugar en la televisión debía ocultar su sexualidad y el romance con su novio, interpretado por José Ron, mientras finge un matrimonio con su compañera de programa. 

Esa fue la primera vez que se grabó un beso entre dos hombres para horario estelar. Pero la ficción hizo eco en la realidad y Televisa censuró la escena. Los intentos de transgresión quedaron opacados por el veto, situación contraria a la serie televisiva de Cadena Tres, Las Aparicio (2010). Si bien la producción, también de Argos Comunicación, despertó críticas de los sectores más conservadores, además de su salida de varios sistemas de televisión por cable, estos factores no afectaron la manera en la que historia se contó. Con una aproximación más cercana a las formas cinematográficas y examen distinto al de los dramas moralinos, la pareja que se robó la atención del público fue la conformada por Julia (Liz Gallardo) y Mariana (Eréndira Ibarra). 

En las representaciones de la diversidad sexual en las pantallas mexicanas las relaciones entre hombres son mayoría

Así, en la escasa representación de la sexualidad femenina en la televisión mexicana, Las Aparicio representa un antes y un después. Presente está la exposición del placer de la mujer, la discusión de la autonomía del cuerpo femenino y las relaciones sexoafectivas entre mujeres, desde la perspectiva de una mujer bisexual y una lesbiana. Al día de hoy, proyectos de tal corte y con protagónicos femeninos son escasos, ya no sólo en la televisión, sino también en el cine mexicano. En una evolución casi natural, la historia de la misteriosa familia de mujeres fue adaptada al cine, en una cinta estrenada en 2016. 

En las representaciones de la diversidad sexual en las pantallas mexicanas las relaciones entre hombres son mayoría. Desde amorío entre dos mejores amigos en Sortilegio (2009) y Lo que la vida me robó (2014), a la boda entre una pareja de la tercera edad en Alma de hierro (2008-2009), pasando por el romance entre hombres jóvenes en Qué pobres tan ricos (2013), al primer matrimonio homoparental del prime time en Un papá a toda madre (2017-2018). Esta última retrata al matrimonio entre Rafael (Andrés Zuno) y Rodrigo (Raúl Coronado) y sus intentos por conseguir la adopción de un bebé. La pareja protagonizó el primer beso entre hombres en un horario estelar de Televisa.  

A últimas fechas la representación gay y lésbica en la televisión ha centrado sus historias en personajes jóvenes. La resonancia en el público y el poder de las redes sociales han sido el mecanismo para que las historias queer, que apenas conseguían un par de escenas por capítulo, alcancen niveles de popularidad que en otros tiempos sólo estaban reservados para la parejas heterosexuales. Dos son los ejemplos recientes: la pareja conformada por Aristóteles (Emilio Osorio) y Cuauhtémoc (Joaquín Bondoni), que juntos son “Aristemo” y “Juliantina”, la relación entre Julieta (Bárbara López) y Valentina (Macarena Achaga). 

Nombrarse, reconocerse y verse es el primer paso

La relevancia que cobró en el televidente la subtrama de dos adolescentes enamorándose y el conflicto con su entorno en Mi marido tiene familia (2017-2018) llevó a crear el spin-off Juntos, el corazón nunca se equivoca (2019) y la obra de teatro Los Aristemo. El musical, con giras por México y Latinoamérica. El caso de la relación entre chicas es similar. Pasaron de un rol secundario en Amar a muerte (2018-2019) al protagónico de la serie web Juliantina, además de una película que aún está en proceso de escritura, y que recibe propuestas de sus fans.

El caluroso recibimiento por parte de las audiencias y su papel activo en las formas y tiempos de los personajes anteriores nos hablan de una nueva generación que busca reclamar su lugar. También de la adaptación de una industria cuya única apuesta para sobrevivir es la adaptación. Son muchas las deudas pendientes en la representación de la comunidad LGBTQ* en los medios masivos. Tan sólo en este breve recuento hay evidencia de la falta de historias más allá de las tres primeras letras del acrónimo. 

Toda transformación requiere tiempo y constante trabajo crítico. Al reconocimiento de las transgresiones siguen varios cuestionamientos: ¿Quién accede a la representación? ¿Qué público es testigo de ésta? ¿Qué tipo de relatos y bajo qué visión se cuentan? ¿Qué papel juegan las historias queer en la televisión pública? En un país profundamente homofóbico y ante la creciente alza de la derecha radical en Latinoamérica, la comunidad lucha por construir su final feliz. Nombrarse, reconocerse y verse es el primer paso.

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Imágenes: IMDb, Televisa, Argos Comunicación

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