Perfume de violetas: La violencia como moneda de cambio

Por Sharely Cuéllar.

Fotos: IMCINE, IMDB.

“La práctica de la violencia, como toda acción, cambia el mundo, pero el cambio más probable originará un mundo más violento.” Sobre la violencia (Hanna Arendt, 1970).

A 20 años del estreno de Perfume de violetas (México, 2000), de Maryse Sistach, es sobrecogedor revisitar una película que se siente tan actual al escuchar a todos los personajes que la construyen, al ver la caótica espiral que arrebata la inocencia de nuevas generaciones y el constante juicio al que se somete a las víctimas. La violencia escalada con la que se desarrolla la historia culmina en una de las tragedias más crudas del cine mexicano.

Nadie te oye en Perfume de violetas, nadie te habla en Manos libres (México, 2005) y nadie te ve en La niña en la piedra (México, 2006); así está conformada la trilogía sobre la crueldad donde se abordan temas de violencia en los jóvenes. Producciones motivadas por notas rojas encontradas en el periódico por la propia realizadora.

En la primera entrega de la trilogía, dos adolescentes de 15 años de edad construyen una fuerte amistad mientras cursan la secundaria. Yessica (Ximena Ayala) es el personaje con mayor vitalidad, frecuentemente tiene problemas de conducta por decir lo que piensa, vive limitada económicamente y en una familia disfuncional; por su parte, Miriam (Nancy Gutiérrez) es una adolescente que se caracteriza principalmente por su amabilidad y consideración, vive en mejores condiciones y tiene una madre (Arcelia Ramírez) con la que mantiene una relación cercana y cariñosa. Ambas no tienen padre, así que la figura materna es muy importante en la formación de lazos emocionales para ellas.

Jorge (Luis Fernando Peña), el hermanastro de Yessica, es quien orquesta las violaciones sexuales de “El Topi”, su compañero de trabajo, hacia su hermanastra con el fin de obtener dinero para comprarse tenis nuevos: Yessica es una moneda de cambio. Dicho acontecimiento, creemos, puede ser el más claro sobre el efecto traumático que habrá en ella, pero por el contrario, se ve constantemente sometidas a violencias físicas y verbales por parte de su familia, sus compañeros y sus profesores. La violencia se transforma en un puente para su amistad con Miriam.

En el punto culminante de la violencia sexual, la decisión de no presentar la escena de la violación de una manera efectista en el largometraje no le resta impacto al acto en sí mismo. La cámara recorre el piso del microbús, el espectador sabe que Yessica se encuentra al fondo del vehículo con su violador, pero en lugar de verla a ella, tenemos frente a nosotros las libretas con sus apuntes, esmalte para uñas, diamantina roja esparcida en el suelo, un peine, entre otras cosas importantes para una joven de 15 años.

Recordemos que es una película de hace 20 años y a pesar de eso aún es muy común que seamos testigos de preguntas, señalamientos y revictimizaciones hacia las mujeres que viven una violación. En Perfume de violetas Yessica es juzgada, la llaman “puta” y aseveran que ella se lo buscó porque su actitud rebelde se acerca más al dicho de la vieja usanza: “no darse a respetar”.

Nancy Gutierrez

En los inicios del cine mexicano vimos en películas como Santa (México, 1931) o La mujer del puerto (México, 1934) a mujeres que, luego de tener relaciones sexuales fuera del matrimonio, no tienen otro destino más que dedicarse a la prostitución. En años más recientes encontramos en Doblemente embarazada (México, 2019) o ¿Qué culpa tiene el niño? (México, 2016) premisas muy similares donde las protagonistas se embarazan y no tienen claro quién es el padre luego de haber estado en tal grado de ebriedad que serían incapaces de negarse a mantener relaciones sexuales (sugerido por la propia narrativa de las películas) y aún así seguimos sus historias desde la comedia, bajo una lupa de juicios y cuestionamientos morales hacia ellas.

Perfume de violetas es una tragedia, una película crítica hacia una sociedad indiferente, un largometraje con personajes realistas y más comunes de lo que nos gustaría admitir y también más actual de lo que hubiéramos deseado.La obra de Sistach es un loop eterno de nuestra realidad.

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