“Ahora éramos todas” – Crónica del #8M.

Texto y fotos: Rocío Zarza.

Caminamos sobre Insurgentes, la seguridad del Metrobus en la Glorieta Insurgentes, comentó que era imposible pasar, pues había muchas personas sobre Reforma. Pensé que exageraba. Jamás dimensioné la magnitud de la movilización. De mi mano, mi compañero de vida, al cual aún debo enseñar lo que está bien o mal, era imprescindible que él estuviera ahí, entender que si no hay respeto, se debe exigir, luchar por él, ese era nuestro objetivo en la marcha del 8 de marzo. Algunas personas nos veían con sorpresa, otros con reprobación, pero muchas otras, con agrado, con empatía. Esas éramos las más, me atreví a marchar con mi hijo de 3 años, porque sabía que estábamos seguros, entre mis pares, entre mujeres, ellas nos cuidarían y nosotros también a ellas.

Mares de gente, hasta que llegamos al Monumento a la Revolución. No podía creer la cantidad de mujeres que veía, Universitarias, enfermeras, independientes. Organizadas, algunas vestidas de negro, de morado o de verde, algunas muchas solo vistiendo su dolor e impotencia, pero todas, fuertes y firmes al grito de “Ni una más, ni una más, ni una asesinada más”. Nos escabullimos para encontrar a nuestro contingente, parecía una travesía imposible por la cantidad de personas que éramos, pero al paso de “me dan permiso por favor” se escuchaban los gritos de “den permiso, tengan cuidado, viene un niño pequeño”, algunas aplaudieron. Por poco la situación me rebasa, sentí unas ganas infinitas de llorar, pero de felicidad, de empatía, las mujeres, de todas las edades, de todas las clases sociales, salíamos a las calles, y noéeramos 100, o 1000, eramos cientos, miles, en ese momento aún sin salir a Reforma, estuve segura, que haríamos historia.

Partí a las 15:30 PM, con mi hijo y Verónica, una mujer de hierro, valiente y aguerrida, que me ha acompañado y brindado su amistad en los últimos 18 años; las demás, se habían adelantado, nos decÍan que la vanguardia de la marcha había llegado al Zócalo, fue maravilloso, pues aun había miles en el Monumento a la Revolución; en Reforma, estábamos marcando un antes y un después en los movimientos sociales en México. Estábamos, a molestia de muchos, más vivas que nunca. Participé poco más de 8 años en el Movimiento Estudiantil en la UNAM, tuve la fortuna de acudir a otras movilizaciones de maestros y sectores de la población, pero podría asegurar, que salvo en una ocasión, no había visto tantas personas desbordando las calles. Ambas estábamos atónitas, no lo podíamos creer, éramos muchísimas, algunas en batucada, otras silencio, otras muchas gritando consignas como: “el Estado opresor, es un macho violador” o “Señor, Señora, no sea indiferente, se mata a las mujeres en la cara de la gente”. Este 8 de marzo visualizó un mañana, más fuerte, luminoso, de igualdad, de inclusión.

Contingentes en la calle, en ambas banquetas, así transcurría la marcha, con voces de guerra, sin miedo: actrices, activistas, amas de casa, de la tercera edad, trabajadoras y madres, como yo, de la mano de sus hijas, portando carteles que decían “No quiero que me maten”, “Marchó hoy, para vivir mañana”. Tan profundo nos habían dañado, que tuvimos que despertar, que desprendernos del miedo y nuestros propios prejuicios, salir a las calles y decir #NiunaMenos. Un hombre en medio del contingente, portaba un cartel que decía “Hoy estoy aquí, porque tú ya no puedes”. El machismo nos había roto, había deshecho familias, había dejado padres, madres e hijos, huérfanos. Como ese señor, como muchos otros a los que no vi y estuvieron ahí, gritando, protestando y exigiendo justicia por todas esas esposas, hijas, amigas, vecinas, que no volvieron y ahora, desde donde estén, luchan como nosotras, por la vida de todas las demás, por las que ya estamos y vendrán.

Llegamos al Hemiciclo a Juárez, como no es raro, cercado, con vallas de acero y policías, ellos temblaban de miedo, al igual de los bomberos y policías vestidos de civil, estaban rebasados. Éramos cien mil veces más que ellos, en cuerpo, pero sobre todo, en espíritu. Algunas cantaban, otras realizaban pintas, otras simplemente se daban la mano en señal de unión. Avanzamos a Bellas Artes, habíamos tirado parte de la valla. La estatua de Madero ahora era morada, rosa y verde, abajo, fotos, textos, de algunas que no tuvieron la oportunidad de marchar con nosotras, que fueron el ejemplo y precedente para atrevernos a decir ¡Ya basta! En Eje Central, decidí terminar mi jornada, me despedí de mi compañera, ella siguió sobre 5 de mayo, yo me detuve a tomar algunas fotos. En esa esquina, las mujeres tiraron otras vallas, empezó el altercado, me replegué, mi corazón latía a mil por hora, pero no por miedo, sino de alegría. El “sexo débil” confrontaba al cuerpo policial, nuestro coraje estaba derribando acero. Nunca más tendríamos miedo. Esparcieron un poco de gas lacrimógeno y tuve que correr hacia la Avenida Juárez, la marcha se detuvo y al grito de “fuimos todas” levantamos nuestro brazo izquierdo en señal de acompañamiento de protección. Fue verdaderamente hermoso, estábamos rompiendo cadenas, estábamos re-escribiendo la historia.

Ahora éramos nosotras, en colectivo, en solidaridad, en amor. Indistintamente a lo que los medios de comunicación hayan dicho, llamándonos feminazis, vándalas… nosotras, las que estuvimos ahí y las que no, sabemos que algo muy bueno y grande logramos, un después para todas, para muchas, ahora nadie nos detendría, nadie nos callará, pues ahora todas juntas estamos ¡en pie de lucha!

#JuntasSomosMas #NiUnaMenos

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